COMO ERA SER PEQUEÑO
Por increíble que parezca, los adultos solemos olvidarnos de
cómo fue ser niños. Una experiencia de al menos doce o trece años debería ser
imborrable, pero muchos terminamos hablando de ellos como exiliados de nuestra
propia infancia. Este libro entrañable viene a corregir un equívoco extendido
que se origina en ese olvido: la idea de que los niños deben ser tratados como
personas en diminutivo, como seres irracionales cuyos “caprichos” hay que
reconducir a la supuesta sensatez adulta. Nace de innumerables preguntas que
Luis Pescetti ha escuchado en su larga trayectoria alrededor de los niños como
exitosísimo músico y autor: “¿cómo haces para que los niños se rían?”, “¿cómo
logras que te presten atención?”. Pues, dicen estas páginas, hay que ponerse en
el lugar de ellos, tratar de mirar la vida con sus ojos recién llegados,
imaginar qué pasa por la cabeza de alguien que no se siente pequeño ni incapaz,
y que se esfuerza cada día por conquistar un pedacito más de mundo. ¿Y si
pensamos a los niños como inmigrantes en el tiempo, llegados a un presente en
el que los adultos somos ciudadanos plenos? ¿Cambiaría el modo en que
reaccionamos frente a sus desafíos, sus desilusiones y sus preguntas, o la
manera en que tratamos de enseñarles algo? En este libro, que ofrecemos para
padres y madres, docentes y profesionales que trabajan con niños, Pescetti
vuelve a escenas de su propia infancia y de sus años de vida y trabajo en
América Latina, y propone recuperar la idea de “ser pequeño” como una experiencia
que se repite una y otra vez en la vida adulta, cuando estamos frente a un
cambio de escala que nos obliga a recalcular nuestras posibilidades. “Ni un
niño es un compacto de recursos infantiles, ni un adulto ha eliminado todo
vestigio de sus deseos y respuestas de la infancia”, señala el autor, que ha
escrito un libro que intenta devolver humanidad a la tarea más desafiante que
un adulto puede enfrentar: acompañar a un niño en esos años en que la mirada de
los otros nos define para siempre.