Cuentos reunidos
Escribir sobre la obra literaria de un querido amigo siempre
es satisfactorio. Al hacerlo, los recuerdos comienzan a fluir y, casi sin darse
cuenta, uno se siente de pronto inmerso en las conversaciones sostenidas con
él, en los buenos ratos pasados en su compañía. Cuando el amigo —es el caso— ya
no se halla entre nosotros, sus escritos son a la vez un atenuante de la
pérdida, un repelente contra la tristeza y un recordatorio de los tiempos
compartidos. Esto ocurre sobre todo cuando esos escritos son un reflejo fiel de
su personalidad: desde la primera ocasión que los leí, estoy convencido de que
los relatos de César López Cuadras, incluso más que sus novelas, lo pintan de
cuerpo completo en su carácter simpático y bullangero, de conversador
incansable, chismoso empedernido y bebedor recio.
Cuentos reunidos no solo es un volumen en el que se agrupan
dieciocho piezas narrativas cortas, es también una incursión en la vida de los
sinaloenses, en su pasado y en su presente, en su mentalidad y en su geografía,
sus chismes y sus leyendas. Una colección de historias, a cuál más divertida,
donde el autor vertió esa inclinación al relajo que lo caracterizaba, su
simpatía, sus dotes de narrador nato, su desparpajo, sus conocimientos
literarios y su mirada crítica. Recorrer estos relatos es, lo reitero, como
estar sentado, varias cervezas de por medio, escuchando la voz de César López
Cuadras hasta que la noche se acabe.
Eduardo Antonio Parra