De frente a lo que se oculta

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Imagina un lugar generoso en donde tomes prestada
una herramienta. Un altar encendido, con
flores amarillas, rodeado de frases de protesta
y olor a café. Una brújula señalando las coordenadas
18.7357°N, 70.1627°E. Un tatuaje de acero.
Un cuarto de máquinas de yeso. Un taller de
pintura similar al set de una película de vaqueros.
Un viaje del cual no encuentres rastro. Unos ojos
para mirar ideas. Un estante con obras de Magdalena
Abakanowicz, novelas de Patrick Modiano
y poemas de Susan Howe. Un racimo de flores
de metal. Una libreta con combinaciones infinitas
de colores. Un bosque detrás de una puerta
de cemento. Un espacio en donde suena música
de Alva Noto, Ryuichi Sakamoto o Stephan Mathieu.
Otro en el que puedas distinguir el miedo
del terror. Unas unidades multiplicarse en serie.
Una colección de unicornios, peluches y cajas de
cereal. Un espíritu barroco que cree en la plegaria.
Un clóset con animales fantásticos en el interior.
Unas manos de barro que van de flor en
flor, polinizando. Una frase que no se la lleva el
viento. Un ático con abundantes telares y textos.
Un encuentro en la buhardilla del detective. Un
acervo punk. Una planta que canta. Un mensaje
encriptado en la concha de un molusco. Una bodega
que acopia la nada entre vidrios. Una casa
de piedra hecha para abejas. Una mujer que baila
con su fantasía en el cruce peatonal. Una estructura
salvaje y frágil. Un recorrido por un espacio
vacío mientras conversas sobre el castillo blanco,
inflable y gigante que no está ahí. Una decisión
tomada siempre en colectivo. Una cabaña de madera
en llamas. Este compendio es una pesquisa
de treinta y dos artistas a quienes visité en sus
estudios en la Ciudad de México, Oaxaca, Mérida,
el Estado de México y Guanajuato de julio de
2022 a marzo de 2024. Hacía tiempo que seguía
con interés su trabajo, en ocasiones a través de
museos, exhibiciones y catálogos; en otras de
manera personal y directa. Atisbo una bifurcación
entre mirar una obra exhibida y otra en proceso.
La idea de estar entre bastidores con elles,
dialogando en torno a sus procesos creativos
y prácticas cotidianas, coincide con mi
deseo de ampliar la búsqueda de lo artístico
por un camino alterno al espacio expositivo.
En este sentido, el estudio de artista, más
que ser una zona claramente definida, puede
ser una proyección de su pensamiento.
La intención de estas páginas es observar el
incesante desplazamiento del espacio físico
al imaginario, intrínseco a la práctica artística
e imposible de cercar.