INSTRUCCIONES A LOS SIRVIENTES
Jonathan Swift nunca estuvo seguro de su posición. Fue un maestro de la invectiva y un amo del leguaje y un importante talento y un hombre de poderoso ingenio, pero en su búsqueda constante de la promoción y el ascenso, en su relación incierta con varios personajes influyentes, su posición fue de inferioridad, y tanto más dolorosa por su esperanza y su creencia de que no siempre sería así. Fue un sirviente fiel, cuya rabia por su propio servilismo le llevó en ocasiones a perder, en perjuicio propio, toda noción de prudencia. Su peculiar imaginación, mediante la cual el mundo se puede arreglar simplemente dándole la vuelta, y en la que la razón y la lógica se transforman de forma natural en anarquía y pesadillas, nacía de la incómoda distancia entre su talento y sus circunstancias.