La intimidad perdida
La intimidad
es un lugar de la conciencia, un territorio de libertad; lejos está de ser una
forma de recogimiento, o incluso de aislamiento. Por ese motivo, privacidad e
intimidad son cosas muy distintas. Privatus no alude a lo que somos, sino a lo
que tenemos y a cómo lo demarcamos; intimus, en cambio, refiere a lo que está
más adentro. lo más profundo, es decir, el último límite.
El
territorio de la intimidad, la penumbra del espíritu, propicia el surgimiento
de la Modernidad. Aparece primero en la pintura del yo que Montaigne delineó
con sus Ensayos, a la vez que fundaba este género literario, y se consolida
filosóficamente casi un siglo más tarde, con el hallazgo del cogito cartesiano.
Esos dos espacios extremos de intimidad son los que nos hicieron verdaderamente
modernos.
Ferran Sáez
Mateu traza un recorrido desde la solitaria torre de Montaigne en el siglo XVI
hasta la actualidad, marcada por tecnologías que nos fascinan aunque siempre
exigen algo a cambio. En el camino asistimos a la renuncia dócil a nuestra
privacidad, y a su corolario más preocupante: el potencial olvido y la pérdida
de la intimidad.