La universidad profunda
Hoy más que nunca se hace necesario que las universidades
cobijen a los jóvenes que llegan a sus aulas, que los acompañen en ese complejo
proceso de búsqueda de sí mismos. Se requiere también que estas instituciones
de educación superior les apoyen y orienten en la difícil tarea de entender el
mundo en el que les tocó vivir y a comprender su circunstancia vital, para que
a partir de tal comprensión sean capaces de encontrar un sentido que inspire en
ellos una razón que les permita conocer el propósito de su estadía en él, y les
lleve a pensar que para existir siempre hay y habrá una razón profunda y que,
aun a pesar de cualquier cosa, la vida es y será siempre una fuente de cuyas aguas bien
vale la pena beber, incluso ahora que el planeta es como es. Para construir un
mundo diferente para ellos, impulsados todos por las Universidades y bajo su
liderazgo, debemos intentar nuevas formas de pensar el orbe y sus
instituciones, y de pensarnos a nosotros mismos como personas y como sociedad,
sin ignorar el pasado ni evadir pensar el futuro; pero hoy mediante una nueva
lógica, incluyendo esta vez al ser humano en el acto mismo de conocer. No hay
duda: las Universidades son la esperanza de las sociedades, dado que hoy todo
parece apuntar hacia la necesidad urgente de avanzar hacia un nuevo
renacimineto de la humanidad, a partir precisamente de la unidad en la
diversidad y de la diversidad por unidad, en todos los ámbitos de la vida
natural y social. ¿Es posible imaginar destino más noble que este para las
universidades del futuro? No obstante, una tarea de esta magnitud solo podrá
realizase desde una mirada profunda de nuestras instituciones de educación
superior.